La revolución de la tecnología 3D

El adjetivo 3D, aplicado a cualquier dispositivo tecnológico o contenido audiovisual, y entendido como la capacidad de crear, mostrar o interactuar por parte del usuario con entidades (objetos, sonidos…) en tres dimensiones, ha venido siendo desde muchos años ya un reclamo comercial de nuevos productos en varios ámbitos tecnológicos o culturales.

La realidad en tres dimensiones ha marcado especialmente los dos sectores de ocio más consumidos a nivel global:

El mundo de los videojuegos. Se pasó de videojuegos basados en objetos planos moviéndose por la pantalla (2D), a otros creados en tres dimensiones en donde el usuario puede variar la perspectiva de proyección sobre la pantalla, siendo posible ver dichos objetos desde cualquier ángulo (Falso 3D, 2,5D). Actualmente ya se trabaja en 3D pleno, con sensación de profundidad, apoyada en dispositivos de realidad virtual.

El cine. Las películas 3D son una realidad, tanto en las salas de cine como en el hogar. Ya está también al alcance de todo el mundo crear un video 3D y reproducirlo en la televisión de su hogar, aunque el proceso se esté viendo frenado por los costes de producción, todavía muy elevados, en el entorno profesional y el encarecimiento de las videocámaras 3D en el entorno familiar.

Revolución en el sector tecnológico gracias a la impresión 3D

 

En la actualidad un nuevo ámbito tecnológico se está viendo afectado por el 3D, y este puede suponer una auténtica revolución para la humanidad: la impresión 3D. Ésta se basa en la superposición de delgadas capas de material que se va aglutinando, y que bien directamente o tras un procesado posterior, adquiere determinadas propiedades de dureza, elasticidad, etc.

En medicina, ya se han usado prótesis especialmente diseñadas a medida para los pacientes, con propiedades biodegradables que permiten su desintegración orgánica, bioimpresión 3D de tejido nervioso, odontología o elementos ortopédicos elaborados “ad hoc”.

Grandes corporaciones y agencias gubernamentales también hacen uso de la impresión 3D, con tecnología experimental no divulgada. Por ejemplo, la NASA ha usado impresión 3D en cobre para elaborar piezas de gran tamaño destinadas a cohetes espaciales.

Para las startups, la posibilidad de generar tanto maquetas como prototipos, de forma casi inmediata y a muy bajo coste, supone un salto cualitativo y una reducción de obstáculos para que las buenas ideas lleguen a productos viables cuanto antes, igualando las oportunidades con las grandes corporaciones.

La introducción de la impresión 3D en el hogar puede generar nuevos nichos de mercado y nuevos canales comerciales, permitiendo que ciertos objetos se puedan adquirir comprando los derechos de uso sobre un diseño con una licencia válida para determinado número de impresiones. Y las posibilidades pueden ser casi ilimitadas: desde objetos decorativos hasta comida.

Es tan alto el impacto de esta tecnología y tan amplio su portafolio de servicios que ha llegado a interactuar con prácticamente todos los sectores económicos. La educación, el entretenimiento, la robótica, el sector automotriz, el mercado de los plásticos, el cuidado de la salud y hasta el cuidado personal, hacen parte de los mercados donde es posible implementar este tipo de tecnología.

Actualmente es posible adquirir por un bajo costo impresoras capaces de convertir diseños tridimensionales generados por ordenador en objetos físicos reales, empleando diversos materiales, entre ellos los más comunes son los termoplásticos (ABS, PLA, PVA…), aunque se usan cada vez más materiales (arcilla, polvo de madera,…) y se están investigando con éxito otros materiales tan interesantes como el grafeno, con características excepcionales de dureza, elasticidad, transparencia o conductividad.

Como veis, las posibilidades son infinitas. Gracias a la revolución que está suponiendo la realidad en tres dimensiones, nuestras experiencias de ocio y entretenimiento serán cada vez más completas y reales; y con la impresión 3D seremos capaces de imaginar cualquier cosa y lo mejor, hacerla tangible.

¿Te atreves a convertir tu idea en realidad?

Fotografía de Matt Neale
Comunicación Minerva
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